Abre el sobre, retira el papel y ábrelo; lee lo que escribí
con el corazón, cuando aún tenía algo de esperanza. Huele el olor de mis lágrimas,
una mezcla de felicidad y melancolía, pero nunca tristeza. No me digas adiós,
dime hasta siempre, porque así todo será más fácil cuando regrese. No
pronuncies palabras que sobran y no juguemos a soñar juntos, es un juego de
niños que a la larga solo hiere. No hagas ningún reclamo, sigue tu vida y sonríe.
Siente el peso de los años, como un morral que a cada paso que das aumenta de
peso; intenta decirte a ti mismo lo orgulloso que estas, pues esta es la vida
que elegiste tiempo atrás y las malas pasadas pasajeras son solo momentos en
que la vida quiere reírse a carcajadas a costa tuya. Organiza tu vida, los
cajones, el armario, los papeles, los libros. Pasa tiempo solo, hasta que te
desesperes. Contempla la posibilidad de renunciar a tus sueños; la
incertidumbre hace de tu cabeza una madeja enredada de ideas absurdas. No lo
pienses. Luego está la voluntad y aquel que sufre porque no la encuentra, y tú
con ella ahí, en la cajita sobre la mesa de noche. Cubre de palabras de amor
una realidad tormentosa que duele, solo para que no parezca que nos hacemos
daño. Cuando me notes extraña, escribe un “Te quiero” de esa manera el ambiente
se calma y sabes que al final terminare cediendo. Para con esto, porque
desespero y si en algo quiero es salir de Midwest, largarme de ahí para
encontrarme a mí misma. Quiero acostumbrarme de nuevo, a mi nueva yo, a estar
sin ti y a la vida prestada que tengo en este lugar. Aléjate poco a poco, para
que en un tiempo recordemos esto con cariño, para que no duela más.
No quiero hacer cuentas de las horas
No quiero hacer cuentas de las horas
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